La Semana Santa de Salamanca arrancó anoche con un momento especialmente significativo para nuestra hermandad. Nuestro hermano y sacerdote jesuita Daniel Cuesta Gómez fue el encargado de anunciarla desde el Teatro Liceo, en un pregón que tuvo mucho de testimonio y de vivencia cofrade.

Desde el inicio, sus palabras reflejaron algo que todos reconocíamos. No hablaba solo un pregonero, sino un hermano. Alguien que conoce la hermandad desde dentro y que quiso poner en el centro lo verdaderamente importante, invitando a vivir estos días con una fe más profunda, consciente y encarnada en la vida.

El momento adquirió aún mayor fuerza con la presencia sobre el escenario de nuestros sagrados titulares. Por segundo año consecutivo, Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras presidió el pregón, acompañado en esta ocasión por María Santísima de la Caridad y del Consuelo. Verlos allí, en ese contexto, ayudaba a entender mejor cada palabra: Cristo que se entrega y una Madre que permanece, acompañando siempre.

El pregón fue avanzando entre reflexiones y vivencias, con un tono sencillo y directo, muy en la línea de quien habla desde lo que cree y vive. Una invitación clara a no quedarse en lo exterior, sino a preparar el corazón para que el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección tenga un reflejo real en la vida de cada uno.

La noche dejó una imagen difícil de olvidar, la de un hermano anunciando la Pasión del Señor a los pies de sus propios titulares. Una estampa que, de alguna manera, resume bien lo vivido y lo que está por venir.