Con la luz de la tarde envolviendo la ciudad, cuando el reloj marcaba las cinco, la cruz alzada atravesaba el dintel de la puerta de San Sebastián. Comenzaba así el Vía Crucis con la imagen de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, un rezo que este año estuvo dedicado a San Juan de la Cruz con motivo del Año Jubilar concedido en el tercer centenario de su canonización.
Más de doscientos hermanos y devotos formaron parte del cortejo que completó en poco más de hora y medio un itinerario que siguió por Plaza de Anaya, Benedicto XVI, Plaza Juan XXIII, Tavira, Libreros, Veracruz, Mazas, Plata, Plaza Fray Luis de León, Serranos, Plaza de San Isidro, Francisco de Vitoria y nuevamente Plaza de Anaya para regresar al templo parroquial y sede canónica de la hermandad. A lo largo del recorrido, las estaciones fueron meditadas con textos inspirados en la espiritualidad del santo carmelita, profundizando en la vivencia de la cruz como camino de purificación, entrega y unión con Cristo.
La hermandad estuvo acompañada por representantes de la Orden de la Merced, además del director espiritual de la corporación, el P. Enrique Mora González, OdeM., y de la Orden de los Carmelitas Descalzos, con la presencia, entre otros, del prior de la orden en Salamanca y Alba de Tormes, el P. Migue Ángel González, OCD. El recogimiento del rezo se vio enriquecido con la participación del coro de la hermandad, el Coro Regina Coeli, y de la capilla musical de la Banda de Música de Alba de Tormes, que contribuyeron con sus interpretaciones a crear un clima de oración al paso del Señor.
RELIQUIA DE SAN JUAN DE LA CRUZ
El Vía Crucis contó también con la presencia del relicario que custodia el dedo índice incorrupto de San Juan de la Cruz, venerado habitualmente en el convento carmelita de Alba de Tormes.
Se trata de una pieza de plata del siglo XVI que conserva una de las reliquias más singulares del santo de Fontiveros. El dedo que sostuvo la pluma con la que fueron escritas algunas de las cumbres de la literatura mística española fue portado con solemnidad en el cortejo y ofrecido a la veneración de los fieles al término del rezo.
En Alba de Tormes, donde también se custodia el sepulcro de Santa Teresa de Jesús, la memoria de los reformadores del Carmelo permanece viva desde el siglo XVI. La presencia de esta reliquia en Salamanca reforzó el sentido conmemorativo y espiritual de la celebración.
