Nada de lo humano nos es ajeno, ni nada del hálito de nuestro mundo es foráneo en la forja de nuestro espíritu, pues somos tan raros como la masa y tan masa como los extraños. Queremos ser libres y somos esclavos del ambiente dominante. Queremos ser originales y compramos la moda que como original nos la venden.  Queremos ser religiosos y nos enmarañamos sin saber si ello es un sentimiento, una buena voluntad, un ethos de tradiciones o una filiación testimonial de mantecas espirituales... En fin, que somos barro, con muchas pobrezas y hasta con pecados. Esto es, que simplemente somos humanos. Cuánta razón lleva aquella frase que dice «que el hombre piensa y Dios sonríe». 

Por tanto, hermanos, comenzamos la Cuaresma y quizá no nos venga mal a todos un baño de amable humildad para, al menos, retomar la advertencia cervantina de D. Quijote a Sancho: «llaneza, Sancho, llaneza, que toda afectación es mala». Porque, querido amigo, ni eres tan libre, ni eres tan original y tanto menos tan espiritual. 

Nuestro Señor y así su Santa Iglesia nos propone, de modo más agudo en Cuaresma, dominar el cuerpo, ordenar el alma y purificar la relación con el mundo para entrar así en la escuela de la libertad.

Y para ello, ayuno (pero ayuno de toda la vida, no dinámicas pasteleras) para liberarnos de la dictadura del impulso inmediato (que pasa del plato hasta la bragueta, con perdón), que nos enseña que puedo desear algo sin necesidad de poseerlo y que rompe la ilusión de que el placer es sinónimo de felicidad. «Eso y na' más».

Oración para no ser un borrego más de la opinión pública (aunque dentro de las opciones del circo político de la confrontación) y de la emoción de la noticia del día (que batutas ocultas determinan) y pueda alcanzar, al menos en cierto grado, la liberación del ruido externo, de la necesidad constante de aprobación y poder, así, reordenar el corazón, pues no todo tiene el mismo valor. «Eso y na' más».

Limosna, aunque guste ahora más llamarla solidaridad y compromiso con los pobres y así toda la letanía de la poesía pastelera religiosa de hoy. Esto es, dar con mayor o menor poesía, pero abrir la cartera y soltar. Rompiendo así, o intentando romper, el apego al dinero (aunque no lo tenga o considere que tenga poco), destruyendo la ilusión de la autosuficiencia y caer en la cuenta de que lo que poseo no me pertenece del todo. «Eso y na' más».

Y lo que os digo a vosotros me lo digo a mí que falta también me hace «eso y na' más». Arrieritos somos y ayudémonos por el camino en el despojo de las dulces cadenas de nuestra cautividad.  Saludados quedamos. Nos vemos en la Merced y en San Sebastián. Ustedes ya me entienden. «Eso y na' más».